Gabriel y don Leo se cuentan sus historias pasadas y además lo relacionado con la familia de don Pedro, la fallecida esposa, doña Elena y la pérdida de visión de la hija de ambos Lucía luego de una caída desde un caballo.
A esta joven, un poco mayor que él la conoció un 16 de abril, como el apellido de la familia. Ella era ciega pero veía con sus manos y su sensibilidad, era de apellido Abril y Gabriel la conoció ese mes.
Estaba Gabriel debajo de un viejo árbol tocando guitarra y llegó ella, quien interpretaba la flauta, Lucía le dijo que ese árbol, donde estaban se llamaba Manuelito, del mismo nombre que el árbol de cas de la infancia del autor, lo único que le recordaba a la abuela y a la naturaleza de su niñez.
Gabriel se percató de la inteligencia de su amiga y de que él no tenía la preparación necesaria. Pero no se dio por vencido, quiso prepararse dentro de lo posible, pidió ayuda al sacerdote del pueblo, Juanito y este se la prestó enseñándolo a leer, y dándole muchos elementos de cultura general.
Con el paso del tiempo el padre Juanito le propuso que fuera a la capital a estudiar para profesor de español y que al terminar sus estudios volviera a Zarcero a trabajar en el colegio, este aceptó, se despidió de su amiga y marchó a San José, donde se alojó en el Seminario de los Misioneros Cambonianos. Allí supo que don Leo había abandonado la hacienda y más tarde acerca de la partida de don Pedro y de su querida Lucía. Escapó, regresó a la hacienda supo que su amiga saldría del país y la vio partir desde el árbol que los había acogido en muchas ocasiones.
Al finalizar la novela, como en el primer capítulo, observamos a un personaje angustiado, temeroso, decidido a lo peor, se desprende de su vida paralela y vuelve a ser él mismo, imagina todo lo vivido como en un sueño donde se aprecia el monólogo interior. Pero ahora no ocurre como en aquel momento, allí necesitó de otro elemento, como la brisa aparecida para no cometer un error, ahora él es capaz de hacerlo por sí mismo. Esto le da a la novela un matiz de optimismo que es lo que hace que el relato guste a los lectores, así dice Gabriel en ese final: “Descubro que hay inicios y desenlaces de ciclos en cada decisión, que hay lugares donde terminan días y empiezan amaneceres, que la tristeza de hoy es parte de la felicidad de mañana, y que hay tiempos de silencio en perdidos pensamientos, donde los recuerdos capturados en la atmósfera de los momentos vuelven a vivir.